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HMBR 11 abril - 22 mayo, 2019
  • Ramo

    Ramo, 2018

    Acrílico y spray sobre lienzo

    120 x 80 cm.

  • Cumpleaños

    Cumpleaños, 2018

    Acrílico y spray sobre lienzo

    120 x 80 cm.

  • Indra enamorándose

    Indra enamorándose, 2018

    Acrílico y óleo sobre lienzo

    120 x 70 cm.

  • Madera para remarse

    Madera para remarse, 2018

    Acrílico y spray sobre lienzo

    120 x 70 cm.

  • La saliva del volcán

    La saliva del volcán, 2018

    Acrílico sobre lienzo

    90 x 90 cm.

  • San Juan en enero

    San Juan en enero, 2018

    Acrílico sobre lienzo

    35 x 27 cm.

  • Gimnasio

    Gimnasio, 2018

    Acrílico sobre lienzo

    35 x 27 cm.

  • Jolgorio

    Jolgorio, 2018

    Acrílico sobre lienzo

    50 x 50 cm.

  • La censura de la carne

    La censura de la carne, 2018

    Acrílico sobre lienzo

    120 x 73 cm.

  • La censura de la fiesta

    La censura de la fiesta, 2018

    Acrílico sobre lienzo

    120 x 73 cm.

  • Alfombra mágica

    Alfombra mágica, 2018

    Instalación, tela y cerámica

    198 x 140 cm.

  • Serie Hot Scenes

    Serie Hot Scenes,

    Pastel sobre cartulina.

    49 x 31 cm.

  • Serie Hot Scenes

    Serie Hot Scenes, 2018

    Pastel sobre cartulina.

    49 x 31 cm.

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición , 2018

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

  • Vista de la exposición

    Vista de la exposición,

HOJA DE SALA

Este proyecto está construido en base a tres palabras clave: entorno, identidad y feminismo. En marzo de 2017, con motivo del mes de la mujer, la artista inició una serie de acciones, ilustrando camisetas, bolsos y otros tejidos. A partir de ese momento confirió a una serie de frutos la cualidad de simbolizar determinadas ideas.

Tratando de salir del símbolo figurativo y evidente, manteniendo el concepto, carga de conciencia el color naranja, que se corresponde con el universo femenino y feminista. Le interesa con esto salir de la recurrencia hacia banderas ya estandarizadas, entendiendo esto también como una visión artística del mismo movimiento reivindicativo.

Con una cámara de fotos Polaroid 600 fotografía los elementos naranjas que se encuentra a su paso, de manera fortuita, ya que por ser analógica e instantánea resulta mas eficaz como instrumento para hilvanar un relato con cada escena, a modo de bodegón improvisado y crítico.

Estas piezas de pintura o dibujo, construyen paisajes y escenas mediante las que interpreta el entorno y reflexiona sobre su identidad como artista, como mujer y como mujer artista.


Marisol Salanova
Una mirada a la obra de Lía Ateca en clave feminista
La incertidumbre del entorno en el que habitamos transciende las fronteras personales de la construcción subjetiva de la identidad. Con el proyecto expositivo El lugar en el que creo la artista visual Lía Ateca (San Cristobal de la Laguna, 1991) ahonda en la necesidad, tanto individual como colectiva, de comprender el entorno, el contexto en el que nos movemos y de qué manera este se constituye en nuestra identidad.
Aunque muchos de los rasgos que forman la identidad son hereditarios o innatos, el entorno ejerce una influencia en la conformación de la especificidad de cada persona. Las ciudades donde ha vivido la artista han calado en ella y determinando los diálogos que se establecen entre las piezas aquí presentadas.

En 2016 recibió una beca del Centro Atlantico de Arte Contemporáneo (CAAM) con la que pasó un mes en Quito (Ecuador) en la residencia No Lugar, desarrollando Dime qué piensas, experiencia que Ateca atesora por considerarla muy enriquecedora, tanto profesional como personalmente. Su pintura de una colorida abstracción trata de crear paisajes oníricos en los que confluyen diferentes temáticas siempre con un trasfondo feminista. Bajo el título HMBR aúna consonantes que sirven para señalar que se refiere a un hombre, para la palabra “hembra” o para el hambre, generando controversia. Esta incertidumbre que engloba obras de reciente creación es la que explora la artista para reinterpretar de forma pictórica paisajes y detalles fotografiados, buscando una metáfora de la presencia social de las mujeres, de cómo se aborda la idea de “mujer” hoy en día, y reivindicando la figura de la papaya como símbolo femenino en el cual el color naranja toma protagonismo.
Símbolos de fertilidad e inmortalidad, las frutas conllevan una connotación según su forma y se asocia comúnmente la banana a los geniales masculinos. Por eso en HMBR se trata de huir de estereotipos de la cultura popular y de construir un imaginario nuevo.
Existe una referencia externa desde la Historia del Arte, ya que la fruta, ademas de nutritiva, de constituir un deseable alimento, ha formado parte de la creatividad, o al menos la ha estimulado a lo largo de los siglos. Tuvo presencia en las manifestaciones artísticas de las civilizaciones mas importantes de la antigüedad, como muestra de su importancia en la vida diaria de los seres humanos. Más adelante, los bodegones y los retratos de objetos cotidianos estuvieron relacionados con el arte realista. Pero es en el Renacimiento donde los frutos comienzan a ser verdaderamente protagonistas dentro de la pintura europea por su sutil simbolismo.
No obstante, a partir de finales del siglo pasado y comienzos de este S. XXI encontramos que cuando hay artistas que incluyen fruta o frutos en sus obras no es ya con el propósito de simbolizar y representar tantos significados, sino que los emplean como un elemento mas conceptual para transmitir las emociones del artista. En este sentido Ateca vuelve la mirada hacia el Renacimiento y se apropia de la fruta como herramienta de representación social pero subvertida. O sea, la táctica es la misma pero a la inversa: ahora se fija en qué fruta predomina cual evocación del miembro viril en nuestro entorno, a saber, la banana, y da el salto a otro fruto tropical pero que tenga una forma más próxima a la de la vulva, dando con la papaya y otorgando valor a su imagen en diversas formulaciones no demasiado obvias sino virando hacia la abstracción.
¿Por qué la papaya? No solo por su forma sino por su proximidad y ahí es cuando entronca con Dime qué piensas, pues regresa a la observación del entorno,: clima, agricultura canaria, convirtiendo a esta fruta en un símbolo feminista y del empoderamiento de la mujer. Pensamos inevitablemente en lo injusto que es que los genitales sean para la mayoría un indicativo de lo que constituye nuestra identidad. La obra de Ateca se rebela, cuestiona la determinación de genero, los roles de genero que históricamente asocian a lo femenino la delicadeza y la debilidad mientras que a lo masculino destreza y fortaleza por definición. La identidad de genero se configura a través de la vivencia íntima del propio género, dando lugar a un autoconcepto, y por la percepción de las personas del entorno sobre el físico y las tendencias sexuales, viéndonos bajo un juicio constante. Así, tanto lo interpretado mayoritariamente como femenino como lo masculino están determinados por relacionarse en distintos amibos sociales que marcan diferencias en el uso de los tiempos y los espacios. Vemos pues la clara relación entre el entorno e identidad de nuevo.
Es preciso desmontar los estereotipos porque ni los hombres entre sí son idénticos, ni las mujeres entre si lo son, tampoco es que los géneros se reduzcan al binarismo, excluyendo las identidad trans o intergénero. La labor de la artista al respecto es muy loable ya que desde una expresión pictórica y fotográfica colorista, vivaz y digerible inculca un mensaje transgresor, necesario, valiente y esperanzador. Un mensaje feminista que abre un mundo de posibilidades al ser mujer, que rompe barreras y techos de cristal. ¿Acaso su arte es político? Indudablemente dada su intencionalidad y su bien tramado discurso.

Las ilustraciones, fotografías, pinturas, vídeos e instalaciones de Lía Ateca reivindican la creación de un paisaje innovador en el que el machismo no tiene cabida, libre de prejuicios y plagado de amor por la diversidad de los cuerpos. Retazos de color, formas complejas con aparente simplificación y una sublime sutileza de volúmenes dan cuenta del momento artístico en el que se encuentra la creadora tinerfeña, que deja huella; demás de suponer un paso adelante en su emergente carrera, el joven talento afianza su estilo y acota las temáticas por las que siente preocupación y que trata en su trabajo de un modo inteligentemente mordaz.

El lugar en el que creo llevaba al público a reflexionar sobre las capas de condicionantes que interceden en nuestra mirada y en nuestros actos cotidianos. Asimismo el espacio en el que creamos algo se enmarca en un lugar concreto y contamos pues con un doble contexto: el del estudio de trabajo, que contiene herramientas y objetos propios, y el de la zona en que radica geográficamente dicho lugar, que irá, por supuesto, unida a unas costumbres y particularidades culturales. Por esto la artista emplea la palabra “creo” apuntando hacia lo que son las creencias, muchas veces condicionadas por nuestro contexto social y cultural, así como crear de creación artística, refiriéndose al espacio físico de trabajo donde germinan sus obras. El resultado es un punto de no retorno en el que evolucionan positivamente las sinuosas formas geométricas que podemos ver en la sala, trapecios invertidos navegando sobre fondos planos de colores vivos en un ritmo vibrante y alegre.

La elección de colores fuertes predominantes sobre tonos claros parece responder al enfoque sobre el empoderamiento, a la fortaleza femenina que tanto ha sido cuestionada.

La pintura expandida de Ateca trasciende los soportes más o menos tradicionales, siendo sus herramientas conceptuales perfectamente empleadas para traducir sus preocupaciones y anhelos al plano matérico. El feminismo como movimiento de transformación de la sociedad tienen una vocación de influencia sobre la forma en la que se conceptualiza la realidad y en el discurso de la artista está presente. A medida que el movimiento feminista adquiere relevancia en el mundo académico, se va generando un cuerpo teórico independiente, con herramientas conceptuales propias. Así que el feminismo realiza una crítica de la visión androcéntrica de la sociedad, objetivo primordial de HMBR que, como avanzábamos, sitúa a la papaya cual símbolo femenino que desplaza al hegemónico orden fálico.

Collage y acrílico manejados con destreza conviven con fotografías Polaroid asociadas a distintos cuadros.

Durante décadas la Polaroid llegó a ser un instrumento artístico de primer orden empleado por los más famosos fotógrafos, que afrontaron retos creativos por la capacidad de respuesta de semejante cámara y por su peculiar gama de colores. Su éxito entonces y su reciente entorno se deben principalmente a la reducción del tiempo de espera desde que se toma la fotografía que esta se hace visible.

Desaparece el cuarto oscuro pero también la magia que allí se gestaba y con ella la noción de imagen latente que poco a poco se iba perfilando, acortándose la incertidumbre entre el tiempo de disparo y las fotos reveladas, Dicho impasse es también un lugar o mas bien un no lugar en el que situarnos. La artista, al crear una pintura o dibujo vinculando estrechamente a tal tipo de imagen instantánea ocupa ese lugar, lo reclama y lo rescata de la nada en un ejercicio casi poético.

Las pinceladas sueltas y enérgicas suelen marcar trazos oscuros, en especial negros, sobre colores cálidos. La gama cromática de la que se sirve es amplia y variada, aunque los tonos anaranjados se abran camino por su sentido simbólico. Con todo, la pulpa de la papaya con su naranja idílico, invade, a veces mas fuertemente, otras con sutileza, los paisaje oníricos en los que aún carente de cuerpo, sin necesidad de recurrir constantemente a mostrar figuras humanas en absoluto, evoca la feminidad. Más exactamente nos recuerda el talante feminista desde el cual nos habla la artista alto y claro.
Transcendencia y poder transformador es lo que emana este proyecto en el cual no solo podemos verificar que Ateca es una de las jóvenes promesas españolas en el arte contemporáneo actual sino corroborar que desde el ámbito artístico hay capacidad para consciencia en torno a cuestiones de índole social y promover el pensamiento feminista.

Lía Ateca (La Laguna, 1991)

Se licencia en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. A lo largo de su carrera se va interesando por la fotografía, la pintura y el dibujo. Es en Florencia, durante su estancia como alumna Erasmus, donde siente que estas tres disciplinas empiezan a converger y a formar su propia personalidad artística. En ese periodo colabora con sus ilustraciones en revistas como Jugarnos.

Su trayectoria artística va de la mano de lo social, coincidiendo con la especialización como profesora de artes plásticas y diseño. A través de la pintura y el dibujo manifiesta su implicación en causas sociales como los derechos de la infancia o el cambio climático y la igualdad de género.

A raíz de sus residencias artísticas en Quito y San Potito Sannítico, Nápoles, su obra se ha transformado en una serie de paisajes más introspectivos. Desde hace aproximadamente dos años viene realizando pinturas que le ayudan a comprender su relación con el entorno. Así, después de un estudio sobre el pensamiento de la sociedad, plasmado en un proyecto de ilustración, se involucra en la interpretación del paisaje a través de un trabajo pictórico cuya narración construye dos discursos diferentes sobre la percepción del lugar que habita. Por un lado estarían las piezas mediante las que formula preguntas y, por otro, aquellas cuyo eje discursivo son las palabras entorno, identidad y feminismo, en las que plasma las conclusiones del análisis crítico de su relación con el entorno en tanto que mujer y artista, en ambas circunstancias con un compromiso ejercido a través de su obra.

Recientemente, ha expuesto de manera individual en el Centro La Regenta, Las Palmas de Gran Canaria, tras un periodo de residencia; en la Sala de Arte Contemporáneo de Santa Cruz de Tenerife; o en la Galería Manuel Ojeda, y, de manera colectiva, en el Centro Atlántico de Arte Moderno, ambos también en Las Palmas de Gran Canaria.

PáGINA DEL ARTISTA

pagina del artista

PRENSA SELECCIONADA

Lia Ateca. Diario SUR







 

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