Antoine Langenieux-Villard

Viento a favor

05 noviembre de 2026, 19:30h 

Hay algo de aéreo en las pinturas de Antoine Langenieux-Villard. Las formas se despliegan, se entrelazan y se repliegan sobre sí mismas como velas atrapadas por el viento. Las superficies se tensan, se ahuecan y se elevan, dotando al lienzo de una movilidad casi orgánica. Todo parece animado por una fuerza invisible, como si la pintura buscara constantemente un nuevo equilibrio entre tensión y distensión.

Sin embargo, todo sucede a ras de suelo, en el espacio del taller. Desprendido de su bastidor, el lienzo se pliega, se sumerge en baños de color, se deja secar y después se trabaja con papel abrasivo. El artista interviene menos por adición que por sustracción: desgasta y excava la superficie, haciendo aparecer líneas, estratos y huellas de gestos anteriores. Como un escultor, revela la materia al retirarle capas. La pintura surge así de un proceso paradójico en el que la destrucción de la superficie se convierte en condición de su aparición.

Este desgaste establece una relación física con el lienzo, cuya resistencia determina en parte el curso del trabajo. A medida que la materia se deteriora, reclama gestos de reparación. Mediante la costura y el collage, el artista recompone la superficie a través de una práctica que encuentra uno de sus ecos en el boro, la tradición textil japonesa basada en el remiendo y la reutilización de tejidos desgastados. En el reverso, unos vendajes confeccionados con retales de lienzo sostienen las zonas debilitadas. Las alteraciones permanecen visibles, integradas en una superficie que conserva ahora la historia de sus propias transformaciones. El azar, el desgaste y el tiempo se convierten así en fuerzas de composición por derecho propio.

En la serie Recto Verso, al plegar el lienzo sobre sí mismo, Antoine Langenieux-Villard revela su reverso. El cuadro deja de ser una superficie unificada para convertirse en un volumen, cuyas caras se ocultan y se recomponen al ritmo de los pliegues. El anverso y el reverso dejan de oponerse como las dos caras diferenciadas de un mismo soporte: se entremezclan, se prolongan y difuminan los límites de lo visible. Lo que estaba oculto aflora, mientras que aquello que parecía evidente se fragmenta. El lienzo se convierte entonces en un espacio entre aparición y ocultamiento, donde las huellas del trabajo pasado permanecen presentes sin llegar a revelarse por completo.

Al igual que las velas, estos lienzos toman forma en contacto con fuerzas que los atraviesan y los deforman. Su movimiento no es una mera ilusión visual: está inscrito en la propia materia, en los pliegues que la constriñen, las abrasiones que la adelgazan y las reparaciones que la mantienen unida. La pintura se sitúa así en un equilibrio inestable entre lo que resiste y lo que cede.

El título Viento a favor evoca una manera de avanzar con las fuerzas en juego, en lugar de intentar dominar lo imprevisible. Como una vela que encuentra su rumbo en el viento, el lienzo se construye a través de tensiones, accidentes y reparaciones. No oculta sus fisuras ni los gestos que lo han transformado; los convierte en condiciones de una nueva presencia. Entre resistencia y abandono, fragilidad e impulso, las pinturas de Antoine Langenieux-Villard prosiguen su propia navegación, en busca de un rumbo siempre inesperado.

Vistas de la Exposición

Obras

Actividad realizada con la ayuda del Ministerio de Cultura y Deporte