29 de diciembre de 2023 – 02 de febrero de 2024
Texto de un pintor para otro pintor
Tom Poelmans
Como cualquier otro pintor, Victoria se preocupa por la imagen, el resultado final de la pintura en tanto que elemento sustancial en la práctica del pintor. Pero, antes de que este resultado final se haya alcanzado, hay una serie de pasos previos que en cada artista tienen lugar de una manera única y diferente a la del resto de sus colegas. Y como cualquier otro pintor no se plantea si pintar o no; sus planteamientos giran en torno a qué pintar. Su estudio es un lugar de paz, de encuentro con ella misma y de creación. Y, por supuesto, está lleno de colores, textiles, óleos, lienzos, pinturas y todo tipo de bocetos. Cuando entro allí unos pocos objetos atrapan mi mirada inmediatamente: las muñecas, con una presencia destacada, en pié sobre una mesa con aspecto de maniquíes. No tienen rostro, ni alma, a primera vista, pero se les ha dado a cada una su propia personalidad mediante los diferentes vestidos y demás prendas que la artista ha diseñado y fabricado cuidadosamente. Están hechas con materiales de ciertos colores y formas y aunque son producto de recuerdos de la infancia, a causa de sus colores y diferentes texturas parecen esculturas sacadas de una pintura, pero es justamente lo contrario: cuando las muñecas se materializan es cuando Victoria ve y sabe lo que quiere pintar.
En mi opinión, las muñecas son personajes silentes que siguen a Victoria en su proceso hasta la imagen final, testigos silenciosos de un proceso muy controlado. Personajes que no dicen nada, no pueden ver, no juzgan, simplemente están presentes en el silencio del estudio, donde un frágil pero seguro proceso tiene lugar. Ella, por su parte, realiza, además, una completa ambientación con gouaches y óleos creando para los maniquíes un mundo propio. Los fondos escenográficos están pintados sobre papel, siendo a un tiempo obras funcionales y autónomas; como las muñecas, tienen algo extraño, se mueven entre la obra de arte completa y piezas creadas para desempeñar una función subsidiaria; pero si se mira mas allá y atentamente puede verse que han sido hechas de tal manera que apuntan a ser una obra de arte en sí mismas. No obstante, Victoria los usa en combinación con las muñecas como elementos para llevar las pinturas a su estado definitivo. Ella estudia la perfecta combinación entre fondos ambientales y maniquíes mediante la lente de su cámara y esa imagen le sirve provisionalmente de pintura. Este es un momento único en el estudio, donde todos actúan al unísono hacia el resultado final de la pintura. A partir de ahí, cada cosa seguirá de manera individual su propio camino: los maniquíes, los fondos, las pinturas y la pintora. El viaje que hicieron juntos termina con la exposición.
El universo creativo de Victoria consiste en la transformación de una imagen creada por ella en algo surreal. Una de las características mas definitorias de sus pinturas es la maestría con la que maneja el color. Cada lienzo es una sinfonía de tonos, cuidadosamente elegidos para evocar determinados estados de ánimo y resonar con las emociones del espectador. Desde el cálido abrazo de los tonos terrosos, verdes y marrones hasta el etéreo papel que desempeñan los pasteles, el dominio de Iranzo sobre el color es impresionante. Es como si hablara con el lenguaje de los pigmentos, traduciendo lo inefable a una poesía visual que se despliega ante nuestros ojos.
Victoria Iranzo invita a los espectadores a explorar sus paisajes enigmáticos y ahondar en lo mas profundo de su atmósfera surreal. Las muñecas, a modo de actores silentes en una producción teatral, contribuyen a la sensación de ambigüedad e introspección predominante en todas las obras. El proceso completo se visibiliza en la exposición, donde se muestra el universo total que ha creado.
Las pinturas de Victoria son como un viaje sin movimiento.
El otro, titulado La Mulata, trata sobre la identidad de una mujer, en este caso de una mujer mulata, y está directamente relacionado con la falta de identidad, su ocultación, y las múltiples caras de una identidad no definida. Liz Williams, compañera de Marisa González, era una mujer mulata, muy blanca de piel, pero con rasgos de raza negra: labios gruesos, nariz ancha y pelo afro. Sufría graves problemas de identidad racial, se sentía desubicada ¿era blanca o era negra?. Se percibía blanca entre los negros y negra entre los blancos.
Marisa realizó una foto-performance con ella. Aunando sus respectivos trabajos artísticos, Liz hizo esculturas de máscaras de su propia cara en diferentes soportes, mascaras tras las que se ocultaba y cuestionaba su verdadera identidad, y Marisa interactuaba con ella y sus máscaras, cámara fotográfica mediante, generando este proyecto.
Algunas de las fotografías que forman parte de La mulata y sus máscaras lo han hecho anteriormente en otras exposiciones de espacios como Tabacalera, Madrid, en 2015, con ocasión de la retrospectiva Registros domesticados, que itineró en 2016 al Centro Galego de Arte Contemporánea, CGAC, Santiago de Compostela. Antes de que termine este año se expondrá en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, IVAM, Valencia, y en el Museu Calouste Gulbenkian, Lisboa. Pero en esta individual se presentan otras inéditas, en blanco y negro y en color. La mayoría de las últimas se produjeron con un procedimiento innovador en su momento, mediante el uso de tecnologías de la comunicación, entonces incipientes, que dio lugar a las denominadas Thermofax Series.
De estas mismas Thermofax Series -parte de las cuales se ha incorporado recientemente a la colección del MNCARS-, una amplia representación de La descarga, Violencia mujer ha sido seleccionada con una propuesta individual de la galería para la feria internacional de arte contemporáneo más importante de Italia, Artissima, que se celebrará en Turín, el próximo mes de noviembre, del 2 al 5.
Nota técnica
Las fotografías analógicas originales, positivadas a 18 x 24 cm, datan de 1975-76. Cuatro décadas después, fueron ampliadas a 100×76 cm unidad en el año 2014, para la exposición en Tabacalera de Madrid. Para esta exposición se han positivado ocho, inéditas en España, siete en blanco y negro y una en tonos verdes. Las piezas de la serie thermofax son únicas y datan de 1975. Se complementa con una proyección de un minuto en loop de una sucesión de estas imágenes
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