Falsos Soles
Gonzalo Puch

17 septiembre – 26 noviembre, 2015

Gonzalo Puch inserta construcciones imposibles, a mitad de camino entre andamiajes y estructuras decrépitas de aspecto frágil y efímero, como la propia vida, sin embargo, el fenómeno mas persistente de los hasta ahora conocidos. Panta rei, todo fluye; El tiempo pasa por y sobre todo aquello, orgánico o inorgánico, expuesto a su paso, unas veces transformador, otras arrasador, pero la vida continúa, como las montañas permanecen y los ríos siguen aportando agua al mar, pese a que nunca esté compuesta por las mismas gotas, al igual que nuestras vidas cambiando constantemente lo son siempre.

En las fotografías de Falsos Soles se superponen y contraponen niveles de realidad, de discurso y cronológicos. ¿A qué tiempo entonces corresponden las imágenes que se nos ofrecen? ¿Al de alguna de las tomas que las conforman o al del instante en que el artista dio por concluida la composición? ¿Todas ellas tendrán la misma cronología? ¿Con cuál el escenario natural en que se ubican: con el de aquéllos elementos reconocibles desde el mismo instante de su origen o con el de alguna de las modificaciones que ha sufrido a lo largo de su existencia? La imagen definitiva que nos muestra el artista es el resultado de la suma de otras muchas, por lo que no podría hablarse de un solo tiempo sino de la suma de muchos, por tanto, de un tiempo irreal, subjetivo, en el que la imagen se impone por derecho propio.

El artista construye una serie de imágenes compuestas por la yuxtaposición y superposición de otras de variada etiología y narrativa, a modo de collage, que acaban conformado un todo coherente, pese a su heterogeneidad. Para ello recurre a la reiteración y contraposición de elementos, tanto naturales como creados por él mismo. Superpone también planos de realidad y ficción que en algún momento se funden y confunden, dando lugar a planos de realidad etéreos o surreales. Por otra parte, la fotografía dentro de la fotografía nos remite a ciertas estrategias de la retórica barroca.

Es evidente la teatralidad escenográfica cuando no coreográfica de estas composiciones, que por instantes resultan evocadoras de aquellos dioramas de Daguerre a los que aplicó sus conocimientos de arquitectura y su experiencia con los decorados del teatro, así como el precedente de los panoramas de Baker, que para Benjamin anunciaban un cambio en la relación del arte con la técnica y la expresión de un nuevo sentimiento vital. Sobre la literatura de carácter panorámico que surge en paralelo escribe: …consisten en bosquejos aislados cuyo revestimiento anecdótico corresponde a la plasticidad del primer plano de los panoramas y cuya base informativa equivale al fondo pintado de los mismos… También nos recuerda cómo ya en 1885 Wiertz asigna a la fotografía la misión de ilustrar filosóficamente a la pintura, reclamando su utilización subversiva mediante el montaje. Sin embargo, es entre esos diferentes planos, en esos espacios o momentos intersticiales -Robert Frank- donde se oculta lo esencial de lo real, según advierte Susan Sontag: ...la fuerza de la fotografía reside en que preserva abiertos al escrutinio instantes que el flujo normal del tiempo reemplaza inmediatamente… Así, es en ese plano que se ubica en lo intersticial o subyacente donde transcurre la realidad, fugaz y evanescente; la verdad que puede discurrir y representarse en un momento disociado. Sebald reflexiona en “Il ritorno in patria” sobre el sentido del mensaje, casi subliminal por poco oído y escuchado, mind the gap, repetido en cada estación del metro londinense, advirtiendo de la conveniencia de no permanecer indiferentes; Valga la metáfora.

Lo contingente de la fotografía confirma la efimeridad de toda existencia, sea cual fuere su estrato de realidad, poniendo de manifiesto su condición de inclasificable, resultando en un compendio de fragmentos informales y un sistema reduccionista de relaciones con el mundo.

Las estructuras en madera u obra -en ocasiones parecen cartones plegados-, simples en extremo, que Gonzalo Puch introduce en unos escenarios naturales, mas o menos intervenidos, en los que a veces se incrustan fragmentos urbanos, son recreaciones icónicas y estereotipadas de ciertos símbolos de la huella que el Hombre ha dejado desde el principio de su tiempo en el mundo que habita, como lo son zonas cultivadas y las basuras en él vertidas. Su aspecto inestable, ruinoso, decadente, a veces kitsch, nos evoca la ruina y la imposición de nuevas configuraciones territoriales que violentan el transcurso consustancial al Medio. La ruina artificial, para Sontag, ahonda las características históricas de un paisaje, mientras que para Benjamin eran hasta cierto punto un espejismo de lo que está por venir. Esta suerte de vestigios de un inmediato pretérito, contrapuestos a hitos de la Naturaleza -el mar; la imagen de una de las montañas mas reconocible, como el Monte Cervino o Matterhorn; o formaciones rocosas que nos recuerdan Monument Valley-, nos conducen al diálogo entre los elementos indispensables de lo sublime romántico.

Romanticismo y surrealismo se dan la mano en la propuesta que Gonzalo Puch presenta en Falsos Soles. La fotografía es la disciplina que levanta acta de cómo en un instante el presente se convierte en pasado y, paradójamiente, nos trae al presente un pasado cuyo tiempo ya expiró. También Sontag la hace responsable de ofrecer un romanticismo inmediato del momento, siendo su mayor eficacia el enriquecimiento constante de la iconografía de la caducidad y la mortalidad. No en vano, su vínculo indisoluble con el género de la naturaleza muerta. Además, escribe Sontag, es ese irrefutable patetismo como mensaje de un tiempo pasado la esencial de lo surreal en la fotografía, la distancia social y temporal que impone y franquea.

Representativa de la mutabilidad universal y del fluir de la existencia a través del tiempo y del espacio es esa especie de Ofelia postindustrial, que parece arrastrada por una riada de detritus desde un futuro distópico, en armónica convivencia con la majestuosa montaña alpina y el ibón que yace a sus pies, bordeado de bucólicos prados que salpican ejemplares propios de la flora mediterránea.

Gonzalo Puch (Sevilla, 1952) ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas, tanto en espacios institucionales -Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla; CAB, Burgos; La Caixa, Lérida; Museo de Arte Contempoáneo de Santiago, Chile; Fundación Helga de Alverar, Cáceres; Palais des Beaux Arts, Bruselas; MARCO, Vigo; MUSAC, LeóN; Museo Patio Herreriano, Valladolid; Centro de Artes Visuais de Coimbra; Museu da Imagem e Sonido, Sâo Paulo; Centro Cultural de España en Lina; Fundación Juan March, Palma, entre otros- como comerciales -Galería Pepe Cobo, Galería Helga de Alvear, Galería Miguel Marcos o Art Nueve y Trayecto , en España y July Saul Gallery, en New York o Contra Galerija en Lubliana-. Asimismo ha participado en numerosas ferias internacionales y su trabajo se encuentra en colecciones como MNCARS, Madrid; CAAC, Sevilla; MUSAC, León; Artium, Vitoria; Ordoñez Falcó, San Sebastían, Fundación Telefónica, Madrid; Colección Banco de España, Madrid; Colección Helga de Alvear, Cáceres; Fundación ARCO; Fundación Coca Cola; Fundación Vilá Casas, Barcelona; Banco Espíriito Santo, BES, Lisboa; Colección Stuyvesant, Holanda; Colección Elipse, Lisboa…-

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Actividad realizada con la ayuda del Ministerio de Cultura y Deporte