
Forma contenida reúne una selección de obras de seis artistas nacidos entre finales de los setenta y principios de los noventa que, desde una aproximación crítica a la escultura, abordan cuestiones relacionadas con la arquitectura. Sin embargo, en todos estos trabajos la arquitectura no se concibe como el arte de proyectar y construir edificios, sino como una práctica cultural. Dicho de otro modo, la arquitectura se comprende en esta exposición como un entramado de modos de hacer y decir, como una serie de tecnologías y discursos, propios de una cultura que da lugar a una serie de paradigmas o tipologías históricas específicas. A lo largo de la muestra podemos ver cómo la escultura sospecha constantemente de la arquitectura. No es casual que todos los artistas que participan en este proyecto llegaran a la edad adulta durante la crisis económica de 2008. La así llamada «Gran Recesión» instauró un nuevo contexto de precariedad en los sectores medios de la sociedad que ha encontrado su eco en las ideas en torno al espacio o a la cuestión del habitar que ha desarrollado esta generación de artistas. Las estrategias críticas en torno a la arquitectura que estos artistas han puesto en marcha abarcan desde la crítica a ciertos modelos de ciudad a la puesta en cuestión de la relación entre cuerpo y arquitectura, pasando por la recuperación de formas vernáculas o la invención de nuevas espacialidades. La escultura para estos artistas tiene la escala del cuerpo, de la cara y de la mano y se caracteriza por la intensificación de las relaciones entre la vista y el tacto. De este modo, la arquitectura aparece siempre en estas obras como fragmento, signo o ruina, es decir sometida a una serie de rupturas temporales como son la ficción, el montaje, lo procesual, el ornamento o la performatividad que subvierten la idea de un espacio euclidiano determinado por tiempo continuo y homogéneo que todavía hoy en día define nuestras formas de pensar y habitar el espacio.
David Bestué presenta tres esculturas que establecen una tensión entre elementos del art nouveau y elementos industriales con el fin de interrogar de manera lúdica la identidad de Barcelona, una ciudad convertida en marca comercial a partir de una fantasía de clase. La definición de Barcelona como una ciudad definida por el modernismo no existe más que en la imaginación de una burguesía todavía pudiente, así como en el mercado del turismo global. En Coup de fouet y muelle (2015), David Bestué relaciona y contrasta el llamado coup de fouet — que en francés significa «latigazo»—, un motivo modernista que, mediante una curva dinámica abierta, expresa la fuerza vital exuberante propia del crecimiento de las plantas con un muelle
común y corriente, un elemento que encarna precisamente lo opuesto del látigo-planta modernista, una fuerza mecánica, técnica regida por un principio de retorno a sí. El coup de fouet y el muelle no solo se oponen en el ámbito de las formas, sino también en el de las técnicas, ya que no hay nada más opuesto a la torsión a fuego orgánica de la forja que las curvas anónimas de la producción industrial. No obstante, entre ambas formas de pensar la forma y la fuerza se encuentra una suerte de eslabón perdido llamado Antoni Gaudí, en cuyas obras se lleva a cabo una fusión entre ambos mundos tan coherente como paradójica. En esta obra David Bestué revela de manera crítica y cómica la tensión oculta entre estos dos ámbitos. Algo similar sucede en Red 1 y Red 2, dos trabajos que formaron parte de la exposición Miramar (2019) en Pols y que recogen, de manera tanto literal como metafórica, fragmentos de art nouveau. Las redes reúnen estas ruinas —restos de frisos, balaustres, vidrieras y tulipas entre otras cosas— como si se tratara de pecios rescatados, aunque también aluden por extensión a una suerte de tamizado de la historia material. A su vez, al hacer de la red un contenedor, Bestué propone una idea de escultura en constante metamorfosis —ya que el volumen de la red se modifica en cada montaje.
Antonio R. Montesinos explora en su trabajo las formas históricas a través de las cuales nos relacionamos con el espacio y el territorio. En esta exposición se muestran dos proyectos diferentes. Miles de kilómetros de cemento blanco (2019) es un trabajo en torno al perfil de las casas de los pueblos blancos tanto de la Costa del Sol como de otros lugares de Andalucía. Como en el caso de Barcelona, el turismo también ha transformado las formas de vida del sur —la cal, los arcos y las celosías— en tópicos, de ahí que en este proyecto el artista haya llevado a cabo un catálogo de elementos constructivos. Este muestrario pone de manifiesto cómo la identidad que la arquitectura produce a lo largo de los siglos puede quedar reducida a un conjunto de signos intercambiables. Sin embargo, como también demuestra la investigación ulterior del artista, tanto la fantasía del origen como la fantasía de la marca turística habitan en un mundo de identidades atemporales, es decir, sin mezcolanza o metamorfosis, que no da cuenta de los turbios y confusos procesos de apropiación y alteración por parte de las clases populares que conforman la historia. Take Care of the Collection (2019), el segundo proyecto incluido en Forma contenida, tiene su origen en una residencia de producción en el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía en Córdoba. Se trata de una serie de esculturas- maceteros de hormigón basados en el diagrama de celdas hexagonales que organiza a nivel estructural el propio museo y que tiene su origen en una forma de organizar del espacio a partir de criterios relativos a la seguridad y el control. Los maceteros contienen plantas de diferentes variedades y están conectados entre sí mediante un sistema de riego por goteo que mantiene la tierra húmeda a lo largo de la muestra. Mediante un gesto tan sencillo como eficaz como es introducir plantas en una institución, la obra subvierte las ideas de seguridad y control
mediante una suerte de anárquico dejar ser, y, fundamentalmente, mediante el cuidado que la propia obra lleva a cabo entre seres de diferente naturaleza, así como entre seres naturales y elementos artificiales.
Las obras de Mercedes Pimiento incluidas en la muestra también fueron realizadas durante una residencia en el C3A. El punto de partida de Poros técnicos (2020), el proyecto que se presenta en la galería, parte de la infraestructura del museo. A nivel constructivo, el edificio proyectado por el estudio Nieto Sobejano se caracteriza por una serie de huecos que rodean los diferentes habitáculos que lo componen. Este sistema conforma una estructura porosa, pero acústicamente estanca. La instalación específica que Mercedes Pimiento llevó a cabo en el museo constaba de dos partes, en primer lugar, un sistema modular de tubos que hacía visible la estructura del museo, y, en segundo lugar, una serie de membranas y resonadores que se activaba mediante la participación del público. Si los tubos de cobre recorren los muros de hormigón del museo insertándose en los llamados “poros técnicos” y, de este modo, simulan atravesar el interior del edificio, actuando como si de una estructura parasitaria se tratara, las membranas de cemento y fibra de vidrio ocultan parcialmente los muros, permitiendo que las ondas sonoras se propagaran más fácilmente. Por otro lado, los resonadores, también realizados en cemento y cobre, una serie de objetos huecos de forma ovoide que interactuaban tanto con el sistema de tubos como con el edificio, están diseñados paraabsorber una frecuencia específica del espectro de la voz humana que, además, posteriormente liberarán en forma de calor. Se trata de inventar nuevas formas de interacción entre la arquitectura y el cuerpo mediante la escultura, de pensar cómo los edificios pueden dejar de ser neutrales y comenzar tanto a afectar como a ser afectados por los visitantes.
Christian García Bello se vuelve tanto hacia la arquitectura vernácula de Galicia como hacia ciertos materiales vinculados a esa geografía mediante una aproximación a medio camino entre la arqueología y la ficción poética. El objetivo es mostrar cómo una forma de vida arraigada es inseparable de las formas y los materiales que la rodean y constituyen. De este modo, sus obras arrojan luz sobre la manera de relacionarnos históricamente con la arquitectura y el paisaje, es decir con el territorio. En Seteira (2019), el artista parte de las saeteras primitivas de los hórreos gallegos —una saetera es una ventanilla estrecha cuya función principal es permitir la ventilación, aunque su origen etimológico se encuentra en su función original, permitir el disparo de flechas o saetas. García Bello le da volumen a la abertura, que aparece en este caso desdoblada, y la dispone en horizontal como si se tratara de un cuerpo recostado. La obra habla del aire que circula, del contacto entre el interior y exterior, entre el paisaje y el hombre. Otros dos trabajos, Ornamento y presagio (Arquitrabe) y Ornamento y presagio (Encuentro), ambas realizadas entre 2018 y 2021, se acercan a esa idea de arquitectura desde el ornamento. Lo ornamental no se entiende en esta nota como un
ámbito determinado de objetos o un tipo de función, la decoración, sino, más bien, como un modus operandi o potencia, es decir como una manera de pensar la relación entre la obra y el espectador. Lo ornamental impregna el espacio de ritmo, es decir de tiempo, y, al pautar el espacio, construye un significado patente para el cuerpo y los sentidos. La serie Ornamento y presagio concibe la escultura como un ensamblaje basado en fragmentos o vestigios que, aunque puedan parecer resto o hallazgos arqueológicos, en realidad se trata fósiles ficticios, invenciones que comienzan por la poética propia de los materiales.
La práctica de Álvaro Albaladejo también tiene en su centro la capacidad de lo ornamental para «animarse» y actuar sobre el espectador. En su caso, sin embargo, el objetivo del ornamento es desestabilizar la percepción mediante un uso heterodoxo de la relación entre diferencia y repetición. El ornamento funciona como una tecnología alucinatoria que arroja el ojo contra sus límites, provocando no solo extrañeza, sino incluso experiencias cercanas al vértigo y la desorientación. Esta centralidad del aspecto físico de la visión postula no solo que no existe una posición neutral desde la que aproximarse a lo visual, sino que, más bien al contrario, la falta de perturbación que presupone la observación distanciada cotidiana está ya condicionada históricamente. Para Albaladejo el ornamento en general funciona como un dispositivo para atacar el ojo. Entre los motivos ornamentales destacan los ornamentos arquitectónicos, así como otros elementos que se sitúan en la periferia de la arquitectura como obeliscos, remates de tejado, bajobalcones o gárgolas y que, debido a su forma o su emplazamiento, amenazan o perturban la mirada. En Forma contenida se presentan tres trabajos elaborados en los cuatro últimos años. Ozymandias (2018), un obelisco realizado en hierro pavonado dispuesto en horizontal que, debido al esmalte termocrómico que recubre su superficie cambia de color según la temperatura ambiente. En segundo, Gris tormenta (2020), una obra inspirada en los motivos de los bajobalcones que consiste en una estructura horizontal de la cual pende una cactácea invertida cuyas espinas han sido dispersadas sobre esta misma superficie y que amenazan con caer sobre el ojo del espectador. Para esta exposición el artista ha producido una nueva obra que está formada por dos gárgolas –un término entendido aquí no como una figura grotesca sino como el remate de un caño que sobresale del muro– realizadas en escayola con permanganato de potasio, una fórmula química cuya alta inestabilidad hace que la superficie y color se modifiquen a lo largo de la exposición.
El origen de las obras de Leonor Serrano Rivas suele ser un elemento histórico, ya sea una idea, un libro o un objeto. A partir de este elemento, la artista desarrolla un proceso de interpretación basado tanto en la investigación como en la libre interpretación cuyo fin es desaprender para descubrir y abrir espacios de resistencia. La lógica de los sueños juega un papel clave en este proceso, de ahí la acumulación de capas y estratos que conforman sus trabajos, entre los que están incluidos tanto el espacio expositivo como el espectador. Las
obras que participan en Forma contenida pertenecen a un ciclo titulado Between the Nose and the Mouth realizado entre 2016 y 2019 que investigaba la relación entre arquitectura y cuerpo a través de la idea de ornamento. El ciclo está compuesto, en primer lugar, por una performance homónima site-specific, así como por varias series de esculturas y, finalmente, por una una instalación . Forma contenida aúna obras de dos de las diferentes series de esculturas que conformaban Between the Nose and the Mouth y que se titulan respectivamente Made Their Bends Adornings y Without Equivalent Proportions. El ciclo Be- tween the Nose and the Mouth tiene en su centro dos tratados en los que la arquitectura se concibe como una fuerza retórica capaz de comunicar una serie de valores estéticos y morales. La investigación de Leonor Serrano Rivas muestra cómo estas ideas en torno a la belleza o el carácter pasan desde la tratadística a la vida cotidiana sin solución de continuidad y, de este modo, acaban por expresarse en el sometimiento que las formas de la arquitectura ejercen sobre nuestros cuerpos. Si la performance traducía los códigos arquitectónicos en gestos y sonidos dentro de un espacio dado, los Chisenhale Studios de Londres, las esculturas interrogaban, de un modo que también podríamos llamar performativo, las relaciones de poder que subyacen bajo las ideas de belleza, proporción o armonía y que organizan los espacios de la vida cotidiana.
Javier Sánchez Martínez
Palma de Mallorca, abril de 2021
Con el espíritu de un historiador del arte, Montesinos quiere poner en valor ese universo heterogéneo no sólo como colmatación estilística o fenómeno artístico, también lo entiende como un pasaje de ida y vuelta: resultado/producto de un proceso social, económico y artístico tanto como vía para llegar a esos factores en esa ruta para la (auto)comprensión. Ciertamente, su propósito no es sólo constituirse en nueva oda o revisión artística de las producciones del Estilo del relax, participando del relato que lo proyecta como una mitología local, sino abordarlo desde sus implicaciones sociales e identitarias. El título de esta exposición revela el profundísimo vínculo que siente Montesinos con el universo del relax, que viene a modificar y configurar el lugar/territorio que siente como propio, en el que encuentra el sentido o el origen de un modo de ser y estar, un lugar que, en definitiva, es él. Lo que Montesinos pretende es proyectar sobre este objeto de estudio una mirada distinta, nuevas preguntas que conlleven respuestas que vengan a ampliar, completar y diversificar la interpretación y la fortuna crítica del mismo. Tal vez, por todo ello, podemos llegar a comprender la militancia que demuestra Montesinos respecto al valor intrínseco del universo del relax, a su posicionamiento en la convicción de su valor como indudable patrimonio. El artista no oculta cómo ese patrimonio es fruto de una modificación radical de la conurbación Costa del Sol, de esa suerte de ciudad-lineal que se desarrolla a lo largo de la N-340, de lo que técnicamente se llama ZoMeCS (Zona Metropolitana de la Costa del Sol), incluso de los orígenes y las derivaciones espurias y perversas del fenómeno económico que la sustenta, pero ello no es óbice para aceptar la trascendental y esencial ascendencia sobre su persona -y sobre el pueblo, paisanaje o comunidad- y la defensa de muchos de sus hitos y cultura material y simbólica como documentos culturales, antropológicos e identitarios.
El de Montesinos es, por tanto, un viaje tan científico –aquí la práctica artística se convierte en una ciencia social- como emocional. Documento y memoria parecen fundirse en su ejercicio, tanto como que aquellos elementos o pormenores sobre los que fija su mirada para interpelarse actúan con la doble condición de ser indicios y vivencias. Para ello, como compañero de viaje, cuenta con el concurso del comisario. Esta exposición, de hecho, viene a culminar más de una década en la que el Estilo del relax se ha convertido para ambos, para el artista y para quien esto escribe, en recurrente tema de conversación y reflexión que ha alumbrado distintas experiencias compartidas, ya sean expositivas, como el proyecto Forjando identidades. Construyendo escenarios (Genalguacil Pueblo Museo, 2019), o de producción artística y de conocimiento. De hecho, muchas de ellas han resultado profundamente significativas para este proceso de investigación, un auténtico work in progress, que metaforizamos como una suerte de viaje. Tanto es así, que algunos posicionamientos, materiales y soluciones que se observan en RLX, el lugar que soy proceden, siendo reformulados para esta ocasión, de aquellos capítulos anteriores.
En RLX, sobre el lugar que soy, Montesinos hace confluir algunos rasgos y procedimientos característicos de su poética con distintas nociones que quiere destacar del Estilo del relax, como su naturaleza de estilo de aluvión, de acarreo de materiales y de fórmulas arquitectónicas procedentes de la tradición vernácula y de la arquitectura del Movimiento Moderno, que pasaban a fundirse de un modo absolutamente desprejuiciado, libre e incluso bizarro. Para ello, el artista ensaya una propuesta eminentemente escultórica en la que descompone algunos de los principales edificios-icono, con una gran carga vivencial para él, en un repertorio de soluciones formales, materiales y rasgos estilísticos. Viendo estos dispositivos escultóricos, como el que se inspira en la icónica Residencia de Tiempo Libre de Marbella, acuden a nuestra memoria el ciclo de obras que Montesinos ha venido haciendo en sus Inopias, una fórmula que caracteriza, en buena medida, su trabajo último. Ante los circuitos de mini-golf del Hotel Mare Nostrum de Fuengirola, gracias al modo en el que se exponen, afloran las “áreas gráficas” a las que se entregó al principio de su carrera. El uso del DM y cierto desarrollo escénico que asumen algunas de las obras expuestas, permiten que encontremos en ellas algunas de las ideas-fuerza del proyecto Forjando identidades. Construyendo escenarios, relativas a la comprensión como escenografías, decorados o tramoyas de diversas construcciones y conjuntos para el ocio y el turismo que se desarrollaron en la Costa del Sol.
Montesinos, desde la precariedad de los materiales que decide emplear, logra soluciones y terminaciones verdaderamente próximas a las que los artífices de muchos de esos edificios brindaron como impronta estilística y formal a los mismos. Sorprende el uso del cartón acanalado o del cemento en algunos elementos y pormenores de sus piezas, de modo que nos traen fortísimas evocaciones de los procedimientos y materiales usados en el tercer cuarto de siglo XX, lapso en el que se desarrolló el Estilo del relax. En otras ensaya nuevas fórmulas escultóricas mediante el uso del DM, de manera que opta a la tridimensionalidad y a lo arquitectónico a partir de planchas. También, a modo de trampantojos –lo escenográfico, ese sentido de decorado al que antes nos referíamos-, incluye materiales míticos que identificamos con este universo, como es el caso de la recreación del gresite (azulejos o teselas) que alude a las piscinas y, en concreto a la del edificio San Miguel de Fuengirola. En otros casos, debemos destacar el carácter semántico de algunas soluciones formales, como la toalla colgada con la impresión de varias de las torres que Antonio Lamela diseñó para Playamar (Torremolinos) –evidencia, también, los nuevos usos de la fotografía, o directamente habla de la post-fotografía-. Una de las imágenes más usuales de los enclaves de turismo veraniego son esas acciones espontáneas de los turistas que cuelgan sus toallas de playa en terrazas y ventanas. Esa política de gestos habla del fenómeno del sol y playa con el que tanto se vincula a la Costa de Sol como uno de los destinos paradigmáticos de nuestro país.
Montesinos, con algunos de sus dispositivos de exposición, consigue evidenciar el profundo carácter plástico que posee la arquitectura ligada al Estilo del relax, lo que la convierte en en proto-postmoderna, pues parte de ella encarna, desde los años cincuenta, valores hápticos, esculturales, plásticos y cierta reformulación de lo vernáculo que vendrían a ser descritos como rasgos esenciales de la venidera arquitectura post-moderna. Resulta clave el comentado acto de descomponer esos edificios en sus materiales y elementos esenciales, en mostrarnos el vocabulario que se articula en lenguaje o estilo, en destacar sus significantes. Sus obras, por mor de esto, pasan a ser ejercicios de metonimia. Es decir, algunos de esos fragmentos nombran irrevocablemente al edificio que los ampara.
Otra cuestión de largo alcance se desprende del conjunto de esta RLX, el lugar que soy. Una cuestión que viene, hasta cierto punto, a validar o demostrar cuán cierto es ese presupuesto que defiende Montesinos de cómo él es el lugar. Nos referimos a cómo su modus operandi a lo largo de su carrera artística está mediado por un concepto/comportamiento como el de deriva. Precisamente, en los proyectos que abordan la Costa del Sol parece emular algunas de las derivas que han venido a interpretar desde las prácticas artísticas este territorio. Esta exposición o su reciente documental Relax N-340, estrenado hace unos meses en el Contenedor Cultural de la UMA, parecen emular trascendentales viajes locales e internacionales, como el cortometraje, a modo de road-movie, que Guillermo Pérez Villalta grabó, en 1982, para el mítico programa de TVE La Edad de Oro; o el viaje que realizaron Diego Santos, Carlos Canal y Juan Antonio Ramírez por la N-340, en 1986, como trabajo de campo para escribir el libro que da nombre al Estilo del relax, en el que se teorizó éste. Este último viaje podría ser considerado un réplica del que realizaron Robert Venturi, Steven Izenour y Denis Scott Brown por el strip de Las Vegas en 1968 y del cual surgió Aprendiendo de las Vegas, un libro que anunció la post-modernidad.
Por todo ello, entrar en esta exposición equivale a emprender un ejercicio de deriva, a través de hitos e iconos del relax, por ese territorio del que es natural Montesinos. Pero, seguramente, una vez que emprendan esa deriva, ustedes, como el artista y el comisario, sientan que inician un viaje por su memoria, por aquello que les identifica y por el lugar que son.
Juan Francisco Rueda
Comisario
Vistas de la Exposición



















Obras













































